RESOLUCIÓN Nº 325 SSCA

Mediante Resolución nº 325 del 5 de mayo de 2009, la Subsecretaría de Coordinación Administrativa del Ministerio de Educación de la Nación resuelve:

ARTÍCULO 1º.- Tener por extraviado el expediente Nº 868/04 del registro del entonces MINISTERIO DE EDUCACIÓN, CIENCIA Y TECNOLOGÍA.

ARTÍCULO 2º.- Reconstruir el expediente mencionado en el artículo 1º de la presente medida, a cuyo fin se solicitará a todas las dependencias que hubieran tenido intervención en la tramitación de los obrados respecto de los cuales se ordena la reconstrucción así como al interesado, la incorporación de copias de los escritos, providencias, informes y dictámenes que tuvieran en su poder, como así también todo otro antecedente sobre el particular.

Resolución nº 325 SSCA

Ver también:
CARTA AL DR. MARTÍN MONTERO
NUEVA CARTA A LA DRA. PUIGGRÓS
NUEVA CARTA AL MINISTRO DANIEL FILMUS

LARGA VIDA

Las expectativas siempre dan forma a las acciones. Los planes de las instituciones y los personales reflejan nuestra expectativa de que todos los adultos que ahora viven morirán en una pocas décadas. Considérese cómo esta creencia inflama el ansia de obtener cosas, de ignorar el futuro en busca de un placer pasajero. Considérese cómo nos ciega al futuro y oscurece los beneficios a largo plazo de la cooperación. Erich Fromm escribe: “Si el individuo viviese quinientos o mil años, este conflicto (entre sus intereses y los de la sociedad) podría no existir o por lo menos podría atenuarse considerablemente. Podría entonces vivir y cosechar con alegría lo que sembró con pena; el sufrimiento de un período histórico, que dará frutos en el siguiente, podría también beneficiarlo a él”.  Si la mayor parte de la gente seguirá viviendo o no para el presente es irrelevante: la pregunta es, ¿podría haber un cambio significativo para mejor?. Las expectativas de vivir una larga vida en un futuro mejor bien podrían hacer que algunas enfermedades políticas fuesen menos mortales. Los conflictos humanos son demasiado profundos y fuertes como para ser eliminados por cualquier cambio simple, pero la perspectiva de una vasta riqueza en el mañana podría por lo menos disminuir el impulso de pelear por migajas en el presente. El problema del conflicto es grande, y necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. La perspectiva del deterioro personal y la muerte siempre ha hecho que los pensamientos acerca del futuro fueran menos placenteros. Visiones de contaminación, pobreza y aniquilación nuclear, recientemente han hecho que los pensamientos acerca del futuro fueran demasiado difíciles de soportar. Pero con la esperanza de un futuro mejor y tiempo para disfrutarlo, podremos mirar hacia adelante mejor predispuestos. Mirando hacia adelante, veremos más. Teniendo una apuesta personal, nos preocuparemos más. Mayor esperanza y previsión beneficiarán el presente y la posteridad; incluso mejorarán nuestras posibilidades de  supervivencia. Vidas prolongadas significará más gente, pero sin que ello empeore mucho el problema demográfico del mañana. La expectativa de vidas más largas en un mundo mejor traerá aparejados beneficios reales, al estimular a la gente a pensar más en el futuro. En síntesis, una vida larga y su anticipación parecen ser buenas para la sociedad, así como el acortamiento del tiempo de vida a treinta años sería malo. Muchas personas quieren vidas largas y saludables para sí mismas. ¿Cuáles son las perspectivas para la generación actual?

Eric Drexler, La nanotecnología. El surgimiento de las máquinas de creación. Ed. Gedisa, 1993.

Publicado en on Abril 15, 2009 at 2:37 am Dejar un comentario

CRIÓNICA

Una de las leyendas urbanas más difundidas vinculadas a la criopreservación es la que relata que el cadáver de Walt Disney fue congelado a fines de 1966 con la finalidad de resucitarlo cuando la ciencia hubiera avanzado lo suficiente como para que esto fuera posible. Si bien hay amplias evidencias que descartan que el creador del imperio Disney se encuentre congelado en una cámara criogénica ubicada en algún lugar desconocido, no cabe duda de que el suceso ha servido para difundir las bases de la criónica (…) El objetivo de la criónica es preservar la vida de seres humanos enfermos en estado de latencia con la esperanza de que en el futuro la ciencia médica pueda curarlos. Un protocolo clínico de la criónica sería: 1- seleccione N sujetos; 2- presérvelos; 3- espere 100 años; 4- vea si la tecnología del siglo XXII puede revivirlos… La etapa 1 no es de aplicación simple a seres humanos. Las leyes actuales requieren que la suspensión criónica comience después de la muerte legal; es decir, algunos minutos después de que el corazón haya dejado de latir. La hipótesis fundamental de la criónica es que la muerte no es un evento sino un proceso que puede revertirse si es interceptado a tiempo. Para la criónica, nadie está muerto hasta que su cerebro esté destruido y esto puede ser evitado mediante bajas temperaturas. La criónica postula, entonces, que la vida puede ser detenida y recomenzada y no considera que su finalidad sea preservar gente muerta, sino gente inconsciente. La primera descripción de la criónica fue la de Robert Ettinger en 1964 en su libro The Prospect of Inmortality. En 1972 se fundó en Arizona (EE.UU), la Alcor Extension of Life Foundation, institución líder en investigación y desarrollo de tecnología criónica. Recientemente investigaciones de Alcor concluyen que es posible con procedimientos ya disponibles preservar por vitrificación el cerebro, e informaron que habían logrado que perros y gatos recobraran su actividad cerebral luego de 16 a 60 minutos de privación total de oxígeno. Para los autores, la detención del tiempo biológico estableciendo un puente hacia una ingeniería del envejecimiento ya es consistente con el conocimiento científico y médico actual.

Roberto Corti, Criopreservación… ¿y después?Revista Ciencia Hoy, dic. 2005-ene.2006.

Publicado en on Marzo 19, 2009 at 2:17 am Dejar un comentario
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CARTA AL DR. MARTÍN MONTERO

Buenos Aires, 28 de octubre de 2008
Ministerio de Justicia, Seguridad
y Derechos Humanos de la Nación
Oficina Anticorrupción
Dirección de Investigaciones
Dr. Martín Montero

El día 9 de octubre de 2006, el Director de Asistencia Técnico Administrativo del Consejo Federal de Cultura y Educación del Ministerio de Educación de la Nación Dr. Juan Pablo Bensadón, envió nota muy urgente a la actual Directora General de Administración de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, Dra. Alicia Fernández, solicitando información acerca de las actuaciones referidas al expediente nº 868/04 del Ministerio de Educación de la Nación, atento los requerimientos efectuados por el Sr. Coordinador de Investigaciones de la Oficina Anticorrupción, a raíz de mi denuncia contra las autoridades de la anterior gestión (Carpeta nº 6292). Se señalaba en dicha nota que el día 27 de septiembre de 2006, también se había solicitado información a la Secretaría Privada de la Dra. Fernández acerca del citado expediente (en poder de la DGCyE desde noviembre de 2004) y que de la respuesta brindada en forma verbal, surgía a priori que el expediente había sido girado al Ministerio en febrero de ese año. Sin embargo, dos días después, el 29 de septiembre, la DGCyE envía el expediente nº 868/04 a Gobernación (donde fue agregado al Expediente de Gobernación nº 23160/03 y archivado junto con éste, según consta en la planilla de movimientos de la Dirección Provincial de Informática), sin informar en ningún momento de este acto al Ministerio que requería la información. Luego de denunciar este hecho ante las autoridades de la DGCyE en marzo de 2007, el expediente nº 23160/03 fue girado en julio de ese año al Ministerio de Educación, sin el expediente nº 868/04, que desde ese momento se encuentra desaparecido (tanto DGCyE como Gobernación, desconocen su paradero). Ante la gravedad y trascendencia de estos hechos, solicito a Ud. profundice en la investigación y tome las medidas necesarias a su alcance para la búsqueda de la verdad.

Saluda muy atentamente,

Héctor Corvalán

Nota: Adjunto Nota CFCyE Nº 1211/06 del 9-10-2006 y Nota Ext-ORG-003665/06 del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.

Carta Expreso Plus EU784893627AR

LA SOCIEDAD HIPERPOLÍTICA

Mientras los escenarios de la cultura se atarean positivamente en la nueva inestabilidad, saludan al caos y celebran las inconsecuencias, desde hace pocos años, a partir de círculos ecológicos y ampliada luego por los económicos, se está imponiendo una discusión de nuevo cuño sobre el desarrollo sostenible -sustainability-. Poco a poco se comprende que la actual way of life y el largo plazo son, estrictamente, dos magnitudes que se excluyen mutuamente. El debate, auspiciado por los economistas-ecologistas, prueba que la inteligencia dominante ha llegado tarde, por detrás del rasgo fundamental más peligroso del industrialismo: se admite, todavía con una cuidadosa dosificación, que se sabe que el entero sistema está enraizado en la ideología de una productividad no reproductiva -lo que viene a ser una variante económica del diagnóstico de nihilismo. El proceso industrial a gran escala destruye más “reservas” humanas y naturales de las que él mismo puede producir y regenerar. En esa medida resulta ser tan autopoiético como un cáncer, tan creador como un fuego de artificio, tan productivo como una plantación de drogas. Lo que hace más de doscientos años fuera celebrado casi sin discusión como productividad humana, se hace crecientemente visible en su carácter destructivo y creador de adicción. A través de una entera secuencia de cambios generacionales, generaciones de jóvenes más sensibles, más dadas al consumo, más desvalorizadas han sucedido a generaciones mayores que ellas, relativamente conservadoras, relativamente ahorradoras, relativamente más pobres en vivencias. Ésta es una secuencia cuyo comienzo puede fijarse en la juventud de la Revolución francesa, a lo más tardar en la juventud de 1870 y en las vitalistas rebeliones contra los mundos de los padres burgueses. Lo que llama la atención por primera vez en el caso del último de los seres humanos -el solitario sin retorno-, se pone continuamente de manifiesto en artículos de consumo no retornables, en materias primas no retornables, en especies animales no retornables y finalmente en biotopos y atmósferas no retornables. A la vista de cosas que se agotan o de naturalezas terminales, los últimos seres humanos no son capaces de sacar sus propias conclusiones. De ahí que la hiperpolítica -sea lo que quiera que sea- es la primera política para los últimos hombres. En la medida en que organiza la capacidad de convivir de los últimos, tiene que hacer una apuesta con muchas pretensiones, para la que no hay precedentes; se enfrenta a la tarea de hacer, a partir de la masa de los últimos, una sociedad de individuos que, en adelante, tomen sobre sí el ser mediadores entre sus ancestros y sus descendientes. La sociedad hiperpolítica es una sociedad de apuestas, que en el futuro jugará también a mejorar el mundo; lo que tiene que aprender es un procedimiento para obtener sus ganancias de modo que, después de ella, también puedan darse ganadores. Esto presupone que la hiperpolítica será la continuación de la paleopolítica por otros medios. Pues tampoco en una sociedad de últimos hombres puede olvidarse la más antigua de las artes, la repetición de los hombres por obra de los hombres. El libro sobre esto, lo más grande de lo grande, aún no se ha escrito. Si un día encontrara su autor, su título podría ser éste: “La horda abierta y sus enemigos”. Su tema sería el favorecimiento de los hombres por obra de los hombres, y contaría la historia de nuestra Species como una aventura de mecenazgo.

PETER SLOTERDIJK, En el mismo barco. Ensayo sobre la hiperpolítica. Ed. Siruela, 1994.

SOCIEDADES FUTURAS

Hay algo de lo que hoy se puede estar seguro: la evolución siempre ha actuado en gran medida de forma autodestructiva. A corto y a largo plazo. Poco de lo que ha creado se ha conservado. Esto vale para la mayoría de los seres vivos que existieron un día. Del mismo modo, casi todas las culturas que han determinado la vida humana han desaparecido. El sentido que tuvieron para los que vivieron en ellas apenas es comprensible aún, a pesar de todo el refinamiento en la valoración arqueológico-antropocultural-científico-espiritual de que hoy disponemos. Las mentalidades que un día fueron actuales ya no lo son para nosotros, o en todo caso sólo son comprensibles a través de ficciones altamente artificiales. Sólo nos es posible una relación cuasiturística con esas culturas pasadas. A las obviedades y formas culturales, al “mundo de la vida” de nuestra sociedad le pasará lo mismo. Nadie puede dudar seriamente de ello. No hay que excluir, incluso mirándolo con atención es probable, que los hombres desaparezcan como seres vivos. Quizá se sustituyan a sí mismos por seres vivos humanoides genéticamente superiores. Quizá diezmen o extingan su especie mediante catástrofes autoproducidas. O destruyan de tal modo los auxiliares técnicos que nos son habituales que sólo sigan siendo posibles formas muy elementales de supervivencia. Como siempre, en todo caso las futuras sociedades, si es que las hay sobre la base de comunicación con sentido, vivirán en otro mundo, basado en otras perspectivas y otras preferencias, y en todo caso se asombrarán ante nuestras preocupaciones y nuestros hobbys como ante rarezas con un limitado valor de entretenimiento, si es que quedan rastros de ellas y competencia para leer esos rastros. Semejante futuro nos parece inaceptable, un escenario de horror que sólo podemos disfrutar en forma de ficción porque suponemos que no se dará. Quien contempla lo venidero sin signos de espanto es rechazado por cínico. En la comunicación, esta perspectiva actúa como si hubiera sido inventada para irritar a los otros y para disfrutar con su irritación. El que se tira de la torre Eiffel no puede disfrutar realmente de la caída, porque sabe cómo terminará.

NIKLAS LUHMANN, Observaciones de la modernidad. Ed. Paidós, 1997.

Publicado en on Mayo 10, 2008 at 10:27 am Comentarios (1)

El CAPITAL FINANCIERO Y EL AGRO

La rentabilidad del negocio de los granos hoy – con las actuales retenciones – es superior a la de cualquier alternativa industrial o financiera o también del propio campo, si se compara con ganadería u otras variantes. A pesar de lo anterior, los actores del sistema confrontan su renta presunta con la que hubieran obtenido si no se hubieran aumentado las retenciones de la soja y el girasol, incluso con la que obtendrían si no hubiera retención alguna, y se sienten despojados. En algunos casos, la sensación es inevitable, cuando la medida se tomó estando la cosecha en pleno desarrollo. A diferencia de la producción industrial, la producción agropecuaria se funda en un factor de producción como la tierra, no ampliable, cuya propiedad otorga derechos de renta per se. Esto ha sido así siempre y en todo lugar. La tradición del campo argentino, en particular, es justamente que la existencia de grandes extensiones en manos de poca gente convirtió en arrendatarios a quienes, disponiendo de pequeñas superficies o de ninguna, se equiparon para trabajar campos de terceros asumiendo parte del riesgo agrícola. El trabajo de la tierra, con un porcentaje de la cosecha destinado a recompensar a los dueños de los predios, es tan antiguo casi como nuestra historia económica. Hay una convergencia de dos factores, sin embargo, que han cambiado totalmente el perfil productivo agropecuario, en los últimos 20 años. Por un lado, la muy rápida difusión de la siembra directa, con aplicación de herbicidas y fertilizantes, que minimizan las labores necesarias y permiten trabajar grandes superficies en mucho menor tiempo que hace dos décadas. Por el otro, la aparición de capitales financieros enteramente ajenos al campo, pero que basados en la mayor predictibilidad de los actuales sistemas de siembra y cosecha y en la asociación práctica con empresas de labranza, comparan la renta posible con las ganancias del plazo fijo o aún de situaciones mucho más volátiles como la bolsa de valores u otros esquemas de especulación financiera, y la concretan. La irrupción acelerada de estos capitales pudo ser posible asumiendo mayores riesgos que los arrendatarios tradicionales. En lugar de pagar un porcentaje, debieron pagar – y pagan –sumas fijas por hectárea, eliminando todo riesgo en cabeza de los dueños de la tierra. La muy alta rentabilidad reitero, comparada con el mundo financiero, atrajo inversores como moscas a la miel. Aumentó la renta de la tierra y luego el valor de la tierra, de manera nunca vista antes en nuestra historia. Finalmente puso a los propietarios ante los siguientes dilemas:

a. Propietario chico de 50 hectáreas. ¿Me quedo con 25.000 dólares por año de renta fija, arrendando para trigo-soja, o aspiro a unos 40.000 dólares por año trabajando la tierra? La primera variante habilita al pequeño chacarero a intentar una empresa urbana, comercial o inmobiliaria, con menos esfuerzo y riesgo. La segunda variante produce mayor retorno, pero obliga a correr detrás de contratistas o cosechadores cada vez más seducidos para trabajar al servicio de los grandes grupos. Muchos han optado por el primer camino.

b. Propietario grande de 1000 hectáreas.¿Recibo 500.000 dólares al año de renta fija o aspiro a 800.000 asumiendo los riesgos? Son muchos – muchísimos –los que disfrutan de la primera opción. Tengamos presente que estos propietarios son los que siempre han dado en arriendo una parte de su tierra. Solo que ahora las tasas son astronómicas.

c. En ambos casos – grandes o chicos –se abrió el camino de una suerte de cadena de la felicidad, ya que al percibir arriendos en dinero, éste puede ser luego invertido en los propios fondos de inversión, aumentando aún más la rentabilidad, sin involucrarse directamente en labor agraria alguna.

Las consecuencias sociales de la dominancia productiva de los fondos de inversión han sido expuestas en numerosos foros y no son exageradas en absoluto. La despoblación rural y el empobrecimiento de los sectores de servicios de los pueblos del interior son consecuencias directas del nuevo modelo. El bajo interés por las rotaciones; el riesgo de contaminación hídrica por exceso de nitratos o fosfatos; el riesgo asociado a la diseminación sin ton ni son de envases de herbicidas, no puede ni debe ser subestimado. El esquema de retenciones, como se ha visto más arriba, no elimina el negocio de los fondos. Lo más probable, en realidad, es que el aumento de retenciones provoque la disminución del costo de los arrendamientos a futuro, pero mantenga el negocio de estos grupos. En lo antedicho está el auténtico núcleo del problema agrario de hoy. Siempre hubo propietarios chicos y grandes; quienes explotaron sus campos y quienes no. Pero el actual modelo de producción rompió la relación entre el capitalista agrario y la tierra. La instalación del capital financiero como el dinamizador de la producción agropecuaria provoca infinidad de distorsiones negativas, que cualquier programa sectorial debe intentar corregir.

Enrique Martínez, La cuestión agraria en la Argentina de hoy. INTI, 2008.

Publicado en on Marzo 29, 2008 at 12:01 am Dejar un comentario

PALEOPOLÍTICA

Sólo es posible hablar de paleopolítica si uno empieza por atacar la imagen del mundo y de la historia que adoctrina a los miembros de nuestro hemisferio cultural con una falseada conciencia de calendario. La ideología oficial de la cultura superior, en todas sus variedades, quiere hacernos creer que la auténtica historia, aquella de la que merece ocuparse, no tiene más de cuatro o cinco mil años y que el género esencial en el que estamos obligados a contarnos salió de entre la niebla precisamente entonces, en Egipto, Mesopotamia, China y la India (…) el hombre no tiene más edad que la cultura superior, la humanidad propiamente dicha empieza ya a lo grande. Esta tesis opera en todas partes, pero quizá en ningún lugar se presenta de forma tan desnuda, como allí donde humanistas, teólogos, sociólogos y politólogos toman la palabra para elaborar modelos colectivos eficaces acerca de lo que es ser humano. Todos ellos hacen surgir al “hombre” ya a partir de la ciudad, del Estado o de la Nación y, como es propio, no se olvidan de fijar la apariencia civilizada en los cráneos de los pupilos de la cultura. Nunca se podrá insistir bastante en lo falso que ha sido desde siempre este adoctrinamiento, y en lo funestamente que sigue actuando hoy. La obsesión por las culturas superiores es la mentira esencial y el error capital no sólo de la historia y de las humanidades, sino también de la ciencia política y de la psicología. Destruye, al menos como consecuencia última, la unidad de la evolución humana y hace que la conciencia contemporánea salga despedida de la cadena de las innumerables generaciones humanas que han elaborado nuestros “potenciales” genéticos y culturales. Ciega nuestra visión del suceso fundacional, del acontecimiento global que precede a toda cultura superior y respecto del que todos los llamados sucesos históricos no son más que tardías derivaciones: la antropogénesis. El omnipresente superiorismo de la cultura abrevia en un 95 o 98 por ciento, la duración real de la historia de la humanidad, a fin de tener manos libres para un adoctrinamiento antropológico que resulta ideológico en grado sumo: se trata de la doctrina, concebida por clásicos y modernos, del hombre como “ser vivo político”. Su sentido es presentar a priori al hombre como un burgués animal de Estado, que necesita, para la plenitud de su esencia, capitales, bibliotecas, catedrales y embajadas. Pero en cuanto superamos esta anulación de la prehistoria queda a la vista una panorámica sobre la constitución milenaria de la humanidad, de la que sólo hace poco se han producido desviaciones notorias; desviaciones cuyos efectos se suman a lo que Levi-Strauss ha llamado “historia caliente”. Resulta esencial a la paleopolítica que no presuponga al “hombre”, sino que lo genere. Mientras las culturas superiores siempre consideran al hombre como algo ya dado, a fin de disponer de él para trabajos, cargos y funciones, el mundo de la prehistoria está atravesado por la conciencia de que el arte de lo posible consiste en llamar a la vida a nuevos hombres a partir de los más viejos que ya existen, en un mundo mezquino y peligroso. La paleopolítica es el milagro de la repetición del hombre por el hombre. Se ejerce y se logra en un medio que, en alguna medida, parece querer dificultar a los hombres el arte de reponerse en los hijos.

PETER SLOTERDIJK, En el mismo barco. Ed. Siruela, 1994.

EL CIADI

El CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones) es un componente casi desconocido del Grupo del Banco Mundial. Sin embargo, las decisiones que adoptan los tribunales del CIADI están cambiando el curso de las relaciones económicas mundiales. El CIADI es un mecanismo de resolución de controversias en materia de inversiones que otorga a las compañías multinacionales potestades para demandar a los gobiernos si estos imponen leyes o reglamentaciones a nivel nacional que tienen un efecto negativo significativo sobre las ganancias de las compañías. El Banco Mundial organizó este organismo internacional en 1966. Históricamente los países exportadores de capital han usado una serie de incentivos y castigos para proteger los intereses económicos de sus principales empresas en el exterior. La ruptura de los canales diplomáticos determinó a menudo que estos litigios se resolvieran por medio de la fuerza o “diplomacia de las armas“. Estados Unidos tiene una larga historia de envío de tropas a los países en los que las inversiones estadounidenses están amenazadas. El Banco Mundial sostuvo entonces que este mecanismo institucional promovería “flujos crecientes de inversión internacional”. Las compañías multinacionales que invierten en países extranjeros argumentaron que ese era un mecanismo necesario ya que los sistemas judiciales nacionales en los Estados receptores no les brindaban garantías ni protección adecuada. En el derecho internacional, los inversionistas extranjeros no estaban jurídicamente habilitados ni contaban con instrumentos de acción directa contra un gobierno cuando consideraban que sus inversiones eran afectadas negativamente por la acción gubernamental. El CIADI cumplió con las aspiraciones de las grandes compañías al elevarlas a la misma categoría que los Estados en el derecho internacional. Aunque el CIADI fue fundado en 1966, en sus primeros 30 años de existencia se mantuvo prácticamente inactivo. Pasó media década antes que el CIADI oyera su primer caso cuando la Holiday Inns Corporation solicitó arbitraje en un litigio con el gobierno marroquí. En los 25 años siguientes sólo se presentaron unos pocos casos. Hoy hay más de 100 casos pendientes de resolución, con reclamos de indemnización de inversionistas contra gobiernos que se estima ascienden en total a más de US$ 30.000 millones. Dos tercios de todos los casos inversionista-Estado conocidos se presentaron a partir de 2002. Y casi un tercio de los que estaban pendientes a fines de febrero de 2007 (32 de 109) son demandas contra un único país: Argentina.

SARAH ANDERSON-SARA GRUSKY, Desafiar el poder corporativo de los inversionistas. Institute for Policy Studies-Food&Water Watch, 2007.

LA NUEVA INTERNACIONAL

«La nueva Internacional» se refiere a una transformación profunda, proyectada sobre un largo período, del derecho internacional, de sus conceptos y de su campo de intervención. Al igual que el concepto de los derechos humanos se ha determinado lentamente en el transcurso de los siglos a través de múltiples sismos sociopolíticos (ya se trate del derecho al trabajo o de los derechos económicos, de los derechos de la mujer y del niño, etc.), el derecho internacional debería extender y diversificar su campo hasta incluir en él, si al menos ha de ser consecuente con la idea de la democracia y de los derechos humanos que proclama, el campo económico y social mundial más allá de la soberanía de los Estados y de los Estados-fantasma (…) En contra de la apariencia, lo que decimos aquí no es mero antiestatalismo: en condiciones dadas y limitadas, el super-Estado que podría ser una institución internacional podrá siempre limitar las apropiaciones y las violencias de ciertas fuerzas socioeconómicas privadas. Pero, sin suscribir necesariamente en su totalidad el discurso (por otra parte, complejo, evolutivo, heterogéneo) de la tradición marxista respecto del Estado y su apropiación por una clase dominante, respecto de la distinción entre poder de Estado y aparato de Estado, respecto del fin de lo político, el «fin de la política» o el debilitamiento del Estado y, por otra parte, sin recelar de la idea de lo jurídico en sí misma, aún es posible inspirarse en el «espíritu» marxista para criticar la pretendida autonomía de lo jurídico y denunciar sin descanso el apresamiento de hecho de las autoridades internacionales por potentes Estados-nación, por concentraciones de capital tecno-científico, de capital simbólico y de capital financiero, de capitales de estado y de capitales privados. Una «nueva Internacional» se busca a través de estas crisis del derecho internacional, denuncia ya los límites de un discurso sobre los derechos humanos que seguirá siendo inadecuado, a veces hipócrita, en todo caso formal e inconsecuente consigo mismo mientras la ley del mercado, la «deuda exterior», la desigualdad del desarrollo tecno-científico, militar y económico mantengan una desigualdad efectiva tan monstruosa como la que prevalece hoy, más que nunca, en la historia de la humanidad. Pues, hay que decirlo a gritos, en el momento en que algunos se atreven a neoevangelizar en nombre del ideal de una democracia liberal que, por fin, ha culminado en sí misma como en el ideal de la historia humana: jamás la violencia, la desigualdad, la exclusión, la hambruna y, por tanto, la opresión económica han afectado a tantos seres humanos, en la historia de la tierra y de la humanidad. En lugar de ensalzar el advenimiento del ideal de la democracia liberal y del mercado capitalista en la euforia del fin de la historia (…) no despreciemos nunca esta evidencia macroscópica, hecha de innumerables sufrimientos singulares: ningún progreso permite ignorar que nunca, en términos absolutos, nunca en la tierra tantos hombres, mujeres y niños han sido sojuzgados, conducidos al hambre o exterminados. (Y, provisionalmente pero a disgusto, tendremos que dejar aquí de lado la cuestión, sin embargo indisociable, de lo que está sucediendo con la vida llamada «animal», la vida y la existencia de los «animales» en esta historia. Esta cuestión ha sido siempre seria, pero se volverá masivamente ineluctable). La «nueva Internacional» no es solamente aquello que busca un nuevo derecho internacional a través de estos crímenes. Es un lazo de afinidad, de sufrimiento y de esperanza, un lazo todavía discreto, casi secreto, como hacia 1848, pero cada vez más visible —hay más de una señal de ello—. Es un lazo intempestivo y sin estatuto, sin título y sin nombre, apenas público aunque sin ser clandestino, sin contrato, sin coordinación, sin partido, sin patria, sin comunidad nacional (Internacional antes, a través de y más allá de toda determinación nacional), sin co-ciudadanía, sin pertenencia común a una clase. Lo que se denomina, aquí, con el nombre de nueva Internacional es lo que llama a la amistad de una alianza sin institución entre aquellos que, aunque, en lo sucesivo, ya no crean, o aunque no hayan creído nunca en la Internacional socialista-marxista, en la dictadura del proletariado, en el papel mesiánico-escatológico de la unión universal de los proletarios de todos los países, continúan inspirándose en uno, al menos, de los espíritus de Marx o del marxismo y para aliarse, de un modo nuevo, concreto, real, aunque esta alianza no revista ya la forma del partido o de la internacional obrera sino la de una especie de contra-conjuración, en la crítica (teórica y práctica) del estado del derecho internacional, de los conceptos de Estado y de nación, etc.: para renovar esta crítica y, sobre todo, para radicalizarla.

JACQUES DERRIDA, Espectros de Marx. Ed. Trotta, 1998.

Publicado en on Septiembre 21, 2007 at 6:54 am Dejar un comentario