El engaño Wittgenstein

WittgensteinLa ausencia de una crítica explícita del papel de Wittgenstein como profesor universitario constituye un indicio de que sus discípulos pasaron por alto las ambigüedades de su maestro, dándose por satisfechos con una lección a medias. Lo que se puede conseguir con una lección a medias lo dejan patente los trends dominantes durante más de cincuenta años en la reciente filosofía universitaria a este lado y al otro del Atlántico. En todas partes ha obtenido la supremacía el paradigma del deportista conceptual rebosante de agudeza y del epistemólogo prepotente que Wittgenstein ha coadyuvado a fundar mediante su personalidad académica, mientras que lo que más íntimamente importaba al pensador desaparecía casi por completo de la lista de temas de los seminarios de analítica. El propio Wittgenstein tiene que haberse percatado de que por esa vía del señalar salían a la luz cosas distintas a lo deseado por él. El ideal de la acción directa del modelo hacía ya mucho tiempo que había quedado colapsado, cuando, en 1947, anota: “La manera más fácil de que yo consiga aún una repercusión sería el que escriban, estimulados por mí, una gran cantidad de basura & que ésta aporte quizás alguna sugerencia con vistas a algo bueno.”

En vano se buscará en la historia de la filosofía un ejemplo parecido de que un pensador prevea con tanta precisión su influjo. La frase citada resume igualmente la catástrofe intelectual de la segunda mitad del siglo XX. La “basura” que Wittgenstein sabe que más pronto o más tarde provocará no es otra cosa que la “porquería” que él, con su posterior teoría oficial, la doctrina pseudoneutral de los juegos del lenguaje, iba a propiciar. La tardía ambigüedad de Wittgenstein no sólo expresa ciertamente un complejo privado. Testimonia también una perplejidad objetiva, que no fue capaz de superar. Para él, superviviente de aquel mundo de los últimos tiempos del Imperio de los Habsburgo, los relojes habán quedado parados en el mes de noviembre de 1918, y durante el resto de su vida ya no se siguieron moviendo. Hasta esa fecha, como los otros protagonistas de la Wiener Moderne, se había adelantado a su tiempo, integrado en la comunidad de problemas, de carácter ascético y formal, de todos aquellos que se movilizaron para la gran reforma. Tras el colapso del mundo austríaco perdió toda conexión con los temas de actualidad y navegó en un ámbito de problemas sin fecha ni destinatario (…) La suma de lo que Wittgenstein llevó a cabo en sus años británicos, desde 1929 a 1951, constituye un testimonio trágico de la detención, provocada por la guerra, de la reformatio mundi de Kakania.

Desde la amputación de su mundo, Austria sería un país sin realidad y la filosofía reimportada de Wittgenstein la mentira de su vida. El cambio de Wittgenstein desde la última Austria de los Habsburgo a una especie de cristianismo de diseño a lo Tolstoi podía simbolizar, antes de 1918, lo inaccesible de una reforma radical, cosa intuida por los mejores. Después de 1918 tal opción seguía constituyendo una parte del fracaso casi universal ante la tarea de formular las reglas para la vida en un mundo posdinástico. Si Wittgenstein hubiese creído ya entonces que la cultura es como el reglamento de una Orden, a la vista de la miseria de la época habría intentado confeccionar un reglamento de ese tipo o cooperar en su redacción, aunque sólo fuera en la poco elegante forma de un programa de partido o de un concepto de educación para generaciones posfeudales.  Pero prefirió apartarse al mundo, ya superado, de las escuelas rurales austríacas, como un narodnik que se hubiese perdido en ese siglo. Posteriormente con sus análisis filosóficos contribuyó a popularizar el modo austríaco de evadirse de la realidad dando un rodeo por Gran Bretaña. La mentira de los juegos del lenguaje iniciaba su carrera triunfal por los seminarios del mundo occidental, sin que nadie advirtiese en qué se basaba el engaño. Era como si los mercados de bricolage americanos debieran distribuir exclusivamente productos de un formalismo aristocrático a lo Loos, sin considerar que los mercados de bricolage sólo ofrecen, inevitablemente, lo habitual de los mercados de bricolage. Con su forma de quedarse detenido en 1918 Wittgenstein ha coadyuvado a fundamentar ideológicamente el marasmo espiritual del mundo inglés después de 1945: hacia fuera, la aparente equivalencia de todas las formas de vida, una fitness analítica y un liberal anything goes; por dentro, nostalgia de los verdes valles de la estulticia y de los sentimientos jerárquicos de una élite de tiempos pasados.

 

Peter Sloterdijk, Has de cambiar tu vida. Ed. Pre-Textos, 2012.

Published in: on febrero 19, 2015 at 3:06 am  Dejar un comentario  

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