LARGA VIDA

Las expectativas siempre dan forma a las acciones. Los planes de las instituciones y los personales reflejan nuestra expectativa de que todos los adultos que ahora viven morirán en una pocas décadas. Considérese cómo esta creencia inflama el ansia de obtener cosas, de ignorar el futuro en busca de un placer pasajero. Considérese cómo nos ciega al futuro y oscurece los beneficios a largo plazo de la cooperación. Erich Fromm escribe: “Si el individuo viviese quinientos o mil años, este conflicto (entre sus intereses y los de la sociedad) podría no existir o por lo menos podría atenuarse considerablemente. Podría entonces vivir y cosechar con alegría lo que sembró con pena; el sufrimiento de un período histórico, que dará frutos en el siguiente, podría también beneficiarlo a él”.  Si la mayor parte de la gente seguirá viviendo o no para el presente es irrelevante: la pregunta es, ¿podría haber un cambio significativo para mejor?. Las expectativas de vivir una larga vida en un futuro mejor bien podrían hacer que algunas enfermedades políticas fuesen menos mortales. Los conflictos humanos son demasiado profundos y fuertes como para ser eliminados por cualquier cambio simple, pero la perspectiva de una vasta riqueza en el mañana podría por lo menos disminuir el impulso de pelear por migajas en el presente. El problema del conflicto es grande, y necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir. La perspectiva del deterioro personal y la muerte siempre ha hecho que los pensamientos acerca del futuro fueran menos placenteros. Visiones de contaminación, pobreza y aniquilación nuclear, recientemente han hecho que los pensamientos acerca del futuro fueran demasiado difíciles de soportar. Pero con la esperanza de un futuro mejor y tiempo para disfrutarlo, podremos mirar hacia adelante mejor predispuestos. Mirando hacia adelante, veremos más. Teniendo una apuesta personal, nos preocuparemos más. Mayor esperanza y previsión beneficiarán el presente y la posteridad; incluso mejorarán nuestras posibilidades de  supervivencia. Vidas prolongadas significará más gente, pero sin que ello empeore mucho el problema demográfico del mañana. La expectativa de vidas más largas en un mundo mejor traerá aparejados beneficios reales, al estimular a la gente a pensar más en el futuro. En síntesis, una vida larga y su anticipación parecen ser buenas para la sociedad, así como el acortamiento del tiempo de vida a treinta años sería malo. Muchas personas quieren vidas largas y saludables para sí mismas. ¿Cuáles son las perspectivas para la generación actual?

Eric Drexler, La nanotecnología. El surgimiento de las máquinas de creación. Ed. Gedisa, 1993.

Publicado en  on Abril 15, 2009 at 2:37 am Dejar un comentario

SEPTEMBER 11, 2001 (another version)

For another version of the happened facts, to read: The Destruction of the World Trade Center: Why the Official Account Cannot Be True.

David Ray Griffin is professor of philosophy of religion and theology, emeritus, at Claremont School of Theology and Claremont Graduate University in Claremont, California, where he remains a co-director of the Center for Process Studies. His 30 books include The New Pearl Harbor: Disturbing Questions about the Bush Administration and 9/11 (2004), The 9/11 Commission Report: Omissions and Distortions (2005), and 9/11 and American Empire (2006, with Peter Dale Scott).

Video “9/11 Mysteries Full Length” (subtitulado en español):

Publicado en  on Julio 24, 2007 at 2:11 am Dejar un comentario

LA CONFIANZA Y EL FUTURO

En los mundos familiares, el pasado prevalece sobre el presente y el futuro. El pasado no tiene otras posibilidades; éste es siempre complejidad reducida. Por lo tanto una orientación a lo pasado puede simplificar el mundo y volverlo inocente. Se puede suponer que lo familiar permanecerá, que lo confiable resistirá la prueba una vez más y que el mundo familiar continuará en el futuro. Y esto es de manera general una hipótesis verosímil, ya que todos los hombres dependen de ella y nadie se encuentra a sí mismo teniendo de repente que hacer todo de diferente manera. La humanidad no puede confiar su propia experiencia vivida, al pasado. Los elementos esenciales de la experiencia deben representarse en la historia, ya que la historia es la forma más importante de reducir la complejidad. Por este medio, la dimensión temporal con respecto a lo que es pasado, resuelve un problema que pertenece estrictamente hablando a la dimensión social: la exclusión de la acción inesperada. La naturaleza socialmente contingente del mundo es con ella oscurecida, de modo que en el mundo familiar la construcción social inevitable del sentido permanece anónima. Comparado con esto, la confianza se orienta al futuro. Por supuesto que la confianza solamente es posible en un mundo familiar; necesita a la historia como trasfondo confiable. No se puede dar confianza sin esta base esencial y sin todas las experiencias previas. Pero aparte de ser sólo una inferencia del pasado, la confianza va más allá de la información que recibe del pasado y se arriesga definiendo el futuro. La complejidad del mundo futuro se reduce por medio del acto de confianza. Al confiar, uno se compromete con la acción como si hubiera sólo ciertas posibilidades en el futuro. El actor une su futuro en el presente con su presente en el futuro. De esta manera ofrece a otras personas un futuro determinado, un futuro común, que no emerge directamente del pasado que ellas tienen en común, sino que contiene algo relativamente nuevo.

NIKLAS LUHMANN, Confianza. Ed. Anthropos, 1996.

Publicado en  on Febrero 10, 2007 at 7:30 am Dejar un comentario

SÓCRATES COMO TÁBANO Y COMADRONA

Generalmente se ha dicho que Sócrates creía en la posibilidad de enseñar la virtud y, en realidad, parece haber sostenido que hablar y pensar acerca de la piedad, de la justicia, del valor, etc. permitía a los hombres convertirse en más piadosos, más justos, más valerosos, incluso sin proporcionar definiciones ni valores para dirigir su futura conducta. Lo que Sócrates creía realmente sobre tales asuntos puede ser ilustrado mejor a través de los símiles que se aplicó a sí mismo. Se llamó tábano y comadrona, y, según Platón, alguien lo calificó de “torpedo”, un pez que paraliza y entumece por contacto; una analogía cuya adecuación Sócrates reconoció a condición de que se entendiera que “el torpedo, estando él entorpecido, hace al mismo tiempo que los demás se entorpezcan. En efecto, no es que, no teniendo yo problemas, los genere en los demás, sino que, estando yo totalmente imbuido de problemas, también hago que lo estén los demás”, lo cual resume nítidamente la única forma en la que el pensamiento puede ser enseñado; aparte del hecho de que Sócrates, como repetidamente dijo, no enseñaba nada por la sencilla razón de que no tenía nada que enseñar: era “estéril” como las comadronas griegas que habían sobrepasado ya la edad de la fecundidad. (Puesto que no tenía nada que enseñar, ni ninguna verdad que ofrecer, fue acusado de no revelar jamás su opinión personal, como sabemos por Jenofonte, que lo defendió de esta acusación.) Parece que, a diferencia de los pensadores profesionales, sintió el impulso de investigar si sus iguales compartían sus perplejidades, un impulso bastante distinto de la inclinación a descifrar enigmas para demostrárselos a los otros (…) Sócrates es un tábano: sabe como aguijonear a los ciudadanos que, sin él, “continuarían durmiendo para el resto de sus vidas”, a menos que alguien más viniera a despertarlos de nuevo. ¿Y para qué los aguijoneaba? Para pensar, para que examinaran sus asuntos, actividad sin la cual la vida, en su opinión, no sólo valdría poco sino que ni siquiera sería auténtica vida. Sócrates es una comadrona. Y aquí nace una triple implicación: la “esterilidad”, su experiencia en saber librar a otros de sus pensamientos, esto es, de las implicaciones de sus opiniones, y la función propia de la comadrona griega de decidir acerca de si la criatura estaba más o menos adaptada para vivir o, para usar el lenguaje socrático, era un mero “huevo estéril” del cual era necesario liberar a la madre (…) atendiendo a los diálogos socráticos, no hay nadie entre los interlocutores de Sócrates que haya expresado un pensamiento que no fuera un “embrión estéril”. Sócrates hace aquí lo que Platón, pensando en él, dijo de los sofistas: hay que purgar a la gente de sus “opiniones” -es decir, de aquellos prejuicios no analizados que les impiden pensar, sugiriendo que conocemos, donde no sólo no conocemos sino que no podemos conocer- y, al proporcionarles su verdad, los ayuda a liberarse de lo malo -sus opiniones- sin hacerlos buenos, como decía Platón.

HANNA ARENDT, De la historia a la acción. Ed. Paidós, 1995.

Publicado en  on Enero 27, 2007 at 8:49 am Dejar un comentario

AURORA (HAARP PROJECT)

Más allá de su declarado interés por el armamento meteorológico, los Estados Unidos trabajan desde 1993 en el programa experimental Aurora, el High-frequency Active Auroral Research Programm, HAARP, del que podrían derivarse las condiciones científicas y tecnológicas para un potencial armamentístico a través de super-ondas. Los abogados del proyecto ponen de manifiesto su carácter civil, algo así como su posible idoneidad para volver a reconstruir la defectuosa capa de ozono o tomar medidas preventivas contra la aparición de ciclones, mientras que sus -todavía no muy numerosos- críticos advierten en tales informaciones el típico camuflaje de los planes militares llevado a cabo por altas esferas encargadas de velar secretos de Estado. El proyecto HAARP se asienta sobre un monumental plan de investigación, emplazado en Gacona, centro-sur de Alaska, aproximadamente 300 km al nordeste de Anchorage, compuesto de un gran número de antenas capaces de generar campos electromagnéticos con un alto rendimiento de energía y de emitir rayos a la ionosfera. Su efecto reflector y de resonancia ha de ser utilizado para enfocar estos campos de energía sobre puntos discrecionales ubicados en la superficie terrestre. Con las emisiones procedentes de estos rayos se podría construir una artillería de efectos energéticos casi ilimitados. Las condiciones técnicas de este plan se remontan a las ideas del inventor Nicolás Tesla (1856-1943), quien ya en torno a 1940 había llamado la atención al gobierno norteamericano sobre las posibilidades militares de un arma tele-energética. Un sistema de este tipo sería hipotéticamente capaz de producir poderosas consecuencias físicas, incluso hasta el punto de solucionar catástrofes climáticas o terremotos en zonas elegidas a tal fin. Algunos observadores han puesto difusamente en relación algunas tempestades de nieve y niebla aparecidas en Arizona, así como otros fenómenos meteorológicos no aclarados, con los experimentos realizados en Alaska. Pero habida cuenta de que las ondas ELF (Extremely Low Frequencies), u ondas-infrasonido, no sólo tienen influencia en la materia inorgánica, sino también en organismos vivos, en particular en el cerebro humano, que funciona en ámbitos de frecuencia más profundos, cabe deducir de estos datos del plan HAARP unas perspectivas encaminadas a la producción de un arma neurotelepática, que podría desestabilizar a poblaciones humanas enteras mediante ataques a distancia dirigidos a sus funciones cerebrales. Se comprende de suyo que un arma de este tipo sólo puede ser concebida, incluso en el mero terreno especulativo, siempre y cuando el desnivel moral entre los cerebros que la desarrollan y los cerebros que han de ser combatidos por las ondas ELF aparezca con una nitidez total en el presente y pueda ser mantenida de manera estable en el futuro. Aun cuando no se trate de un arma letal, se trata de un arma que no es susceptible de ser dirigida más que contra lo extraño sin más o el mal absoluto, amén de sus respectivas encarnaciones humanas. No hay que descartar, sin embargo que el efecto colateral de tales empresas encaminadas a la investigación termine acarreando per se complicaciones morales que para la apreciación de un desnivel de este tenor pueden llegar a ser lamentables. Si la distinción entre cerebros canallas y cerebros no canallas resulta problemática, producir un arma mediante ondas contra una facción de esta diferencia -como ya sucedió con las armas atómicas- podría tener consecuencias autorreferencialmente funestas también en el otro lado. Alguien podría tildar la referencia a estas perspectivas de surrealista; pero no es más surrealista de lo que habrían sido los anuncios de un arma compuesta de gas antes de 1915 y de una bomba atómica antes de 1945. La mayoría de los hombres del hemisferio occidental, antes de que hubiera sido demostrado por los propios hechos, habrían calificado el desarrollo de las armas nucleares como una suerte de ocultismo disfrazado bajo la máscara de la ciencia natural, y habrían negado que esta posibilidad cobrara algún día visos de realidad. El efecto surreal de lo real antes de su proclama es uno de los efectos secundarios de la explicación anticipadora, que desde sus inicios divide las sociedades en dos: por un parte, un pequeño grupo de personas que, como pensadores, operarios y víctimas, toman parte en la emergencia de lo explícito; por otra, un grupo, de lejos más numeroso, que persevera en el punto de vista del derecho existencial a lo implícito ante eventum, y reacciona en cualquier caso retrospectiva y puntualmente a las explicaciones dadas. La histeria de la opinión pública es la respuesta democrática al carácter incontestable de la explicitud. La estancia cotidiana en la latencia se vuelve cada vez más inquietante. Dos tipos de durmientes entran entonces en escena: los soñadores en el marco de lo implícito, que siguen buscando refugio en la ignorancia, y los durmientes en lo explícito, que son conscientes de lo que se juega en el frente mientras aguardan la orden de atacar. La explicación atmoterrorista separa violentamente las conciencias dentro de una y única población cultural (llámese nación o pueblo, esto es, en el fondo indiferente) hasta el extremo de que ellas, de facto, dejan de vivir ya en un mismo mundo y sólo forman, a la vista del modelo civil estatal, una sociedad común. Ella convierte a unos en colaboradores de la explicación y, en esa medida (en sectores constantemente cambiantes en el frente), en agentes de un terror estructural -aun cuando sólo raras veces real- contra las condiciones naturales y culturales relativas al contexto, mientras que los otros -transformados en aborígenes internos, regionalistas y curadores voluntarios de la propia intempestividad- cuidan en reservas, al margen de hechos positivos, la ventaja de poder seguir aferrándose a las imágenes del mundo y a las condiciones simbólicas inmunizadoras de la época de la latencia.

PETER SLOTERDIJK, Temblores de aire. En las fuentes del terror. Ed. Pre-textos, 2003.

LA POLÍTICA Y LA VIDA

En el momento en que la vida de un pueblo, racialmente caracterizada, es asumida como el valor supremo que se debe conservar intacto en su constitución originaria o incluso como lo que hay que expandir más allá de sus confines, es obvio que la otra vida, la vida de los otros pueblos y de las otras razas, tiende a ser considerada un obstáculo para este proyecto y, por lo tanto, sacrificada a él. El bíos es artificialmente recortado, por una serie de umbrales, en zonas dotadas de diferente valor que someten una de sus partes al dominio violento y destructivo de otra. Nietzsche es el filósofo que aferra con mayor radicalidad este paso; en parte asumiéndolo como su propio punto de vista, en parte criticándolo en sus resultados nihilísticos. Cuando él habla de voluntad de potencia como del fondo mismo de la vida o cuando no pone en el centro de las dinámicas interhumanas a la conciencia, sino al cuerpo mismo de los individuos, entonces, hace de la vida el único sujeto y objeto de la política. Que la vida sea para Nietzsche voluntad de potencia no quiere decir que la vida quiera la potencia o que la potencia determine desde el exterior a la vida, sino que la vida no conoce modos de ser diferentes de un continuo potenciamiento. Lo que condena a las instituciones modernas (el Estado, el parlamento, los partidos) a la ineficacia y a la inefectividad es precisamente su incapacidad de situarse en este nivel del discurso. Pero Nietzsche no se limita a esto. La extraordinaria relevancia, pero también el riesgo, de su perspectiva biopolítica consiste no solamente en el haber puesto la vida biológica, el cuerpo, en el centro de las dinámicas políticas, sino también en la lucidez absoluta con que prevé que la definición de vida humana (la decisión sobre qué es, cuál es, una verdadera vida humana) constituirá el más relevante objeto de conflicto en los siglos por venir. En un conocido pasaje de los Fragmentos póstumos, cuando se pregunta “por qué no tenemos que realizar en el hombre lo que los chinos logran hacer con el árbol, de modo que por una parte produce rosas y por otra peras”, nos encontramos frente a un paso extremadamente delicado que va de una política de la administración de la vida biológica a una política que prevé la posibilidad de su transformación artificial. De este modo, al menos potencialmente, la vida humana se convierte en un terreno de decisiones que conciernen no solamente a sus umbrales externos (por ejemplo lo que la distingue de la vida animal o vegetal), sino también a sus umbrales internos. Esto significa que será concedido o, más bien, exigido a la política el decidir cuál es la vida biológicamente mejor y también cómo potenciarla a través del uso, la explotación, o si hiciera la muerte de la vida menos valiosa biológicamente.

ROBERTO ESPÓSITO, Biopolítica y filosofía. Grama Ediciones, 2006.

Publicado en  on Enero 10, 2007 at 6:54 am Dejar un comentario

CRECIMIENTO NO SUSTENTABLE

Como consecuencia del crecimiento del consumo de hidrocarburos, las emisiones de dióxido de carbono aumentaron y aumentarán exponencialmente al mismo ritmo que sus concentraciones en la atmósfera. Otro tanto está ocurriendo con el metano y el óxido nitroso. El resultado es un calentamiento global que amenaza con la extinción severa de especies. Se supone que el cambio climático estará acompañado de catástrofes, migraciones masivas y conflictos, algunos de los cuales se pueden ya avizorar (…) De un modo u otro, todo crecimiento exponencial encuentra sus límites en el agotamiento de alguno de los recursos que lo sustentan y se traduce en el fin del crecimiento o incluso en una declinación. En el caso de la crisis del clima, la pregunta es cómo se llegará al fin del crecimiento exponencial. ¿Podrá ser a través de un proceso consciente y ordenado mediante decisiones políticas globales o alternativas tecnológicas?, o ¿simplemente será impuesto por la catástrofe ambiental?. Los porcentajes de reducción de las emisiones necesarios para lograr la estabilidad de las concentraciones respecto a los niveles de 1990 en pocas décadas implican llevar las emisiones de dióxido de carbono al 40% de sus valores de 1990. Sin mediar alguna catástrofe inesperada, esta reducción no sería posible en las próximas dos o tres décadas por un cúmulo de razones económicas, políticas, e incluso culturales. Aun con el agotamiento del petróleo, la disponibilidad de carbón es tan abundante y se trata de un recurso tan barato que puede conducirnos a una gran catástrofe ambiental. Cabe la esperanza de que tal como ocurrió con las proyecciones de Malthus y del Club de Roma, el avance tecnológico posponga por algunas décadas los efectos más graves del cambio climático. La biotecnología podría abrir el camino para una mayor producción de biomasa que atienda la demanda global de alimentos y energía, y otros avances tecnológicos podrían en conjunto ofrecer también alternativas a los hidrocarburos. Pero aún en el caso de que se arribara a esas soluciones tecnológicas, a menos que sus costos fueran competitivos frente a los combustibles fósiles, su implementación dependerá seguramente de la comprensión y decisión colectiva para mitigar rápidamente el cambio climático.

VICENTE BARROS, Aspectos políticos y económicos del cambio climático. Revista CIENCIA HOY nº 96, Dic. 2006/Ene. 2007

Publicado en  on Enero 5, 2007 at 6:43 am Dejar un comentario

LA HIPÓSTASIS DEL HÉROE

Siguiendo las referencias del psicoanalista Otto Rank, descubrimos en el núcleo de las subjetividades heroicas el drama de una enfermedad muy temprana que lo penetra todo. Lo que vuelve hacia sí a los héroes, carismáticos y profetas, es el recuerdo sufrido en silencio y, posteriormente, efectivo, de una total hipóstasis (“subsistencia incomunicable”). Antes de reflexión alguna, la vida se da en ellos como dolor total indistanciable. Al héroe no le duele en especial ninguna parte de su ser, sino todo. Ahí no hay situación que no sea desesperada. El motor de la formación del Yo heroico es la total autoexaltación desde el total hundimiento en el océano del desamparo. El héroe es el hombre que viene del mar de la desesperación y echa pie a tierra. Con él empieza la aventura de la civilización como colonización de la tierra firme del Yo, el morar y entronizar en el nuevo continente: propio arbitrio, poder, querer, saber. Por eso, los héroes son los pioneros psicológicos de la cultura; talan la jungla de la impotencia y la confusión. En retaguardia de los primeros héroes, fueron posibles hombres que, por vez primera, tenían la certeza de poder aprender, de manera rutinaria, lo que en su época es propio de las posibilidades humanas. Desde ese punto de vista, los héroes no son simplemente sujetos de fuerza con nombres sonoros; su Yo no es sólo un anexo de su energía. Mucho más que eso, los héroes con toda su fuerza no son otra cosa que héroes del ser-Yo, paladines de la autoexaltación del saber y de la conquista del propio nombre. Por eso es siempre protagonista la heroicidad mítica: porque su razón de ser es la primera lucha contra una primera derrota. Y sigue siendo, aun sofocada, mi lucha, tuya, suya, nuestra y vuestra. Es tan universal porque la experiencia de la desesperación en la hipóstasis impuesta afecta incomparablemente más que los casos de abandono, mortíferos y patentes, de lactantes a la intemperie hostil.

PETER SLOTERDIJK, Extrañamiento del mundo. Ed. Pre-Textos, 1998.

Publicado en  on Diciembre 31, 2006 at 6:55 am Dejar un comentario

EL IDIOTA Y EL ÁNGEL

Precisamente porque el mundo moderno está saturado del ruido de los mensajeros de los partidos de poder y del estruendo artístico del genio, que llaman la atención sobre sus obras y sistemas delirantes, la diferencia religiosa ya no puede señalarse convincentemente desde la figura del embajador (o enviado). El Dios presente no puede alcanzar a los mortales como enviado, sino sólo como idiota. El idiota es un ángel sin mensaje: un íntimo complementador, sin distancia, de todos los seres que casualmente encuentra. También su aparición es escénica, pero no porque personifique en el más acá un fulgor trascendente, sino porque, en medio de una sociedad de representantes de papeles y de estrategas del ego, él encarna una ingenuidad inesperada y una benevolencia que desarma. Aunque príncipe por estirpe, es un ser humano sin símbolo de estatus: pertenece, así, sin reservas, al mundo moderno, pues si la jerarquía pertenece al ángel, el rasgo igualitario pertenece al idiota. Se mueve entre los seres humanos de la alta y baja sociedad como un niño grande que nunca ha aprendido a calcular en su propio beneficio (…) el salvador es un don nadie a quien no respalda ningún alto mandante. Los presentes consideran sus manifestaciones como naderías infantiles, y su presencia, como un mero incidente no comprometedor. Dostoievski no deja duda alguna con respecto precisamente a este rasgo; de una de las figuras de su novela El príncipe idiota, Ganja, se dice: “No se azoraba lo más mínimo ante el príncipe, como si estuviera solo en la habitación, pues le consideraba lisa y llanamente como nada”. La presencia del príncipe Mishkin, no obstante, es una condición desencadenante de todos los acontecimientos que suceden en su cercanía; él cataliza de manera decisiva los caracteres y destinos de quienes se cruzan con él. Precisamente como no-enviado, soluciona con un método incomprendido el problema del acceso al interior de sus compañeros de juego. Ni sirenas ni ángeles, él es quien abre los oídos y centros de conmoción psíquica de sus compañeros de diálogo.

PETER SLOTERDIJK, Esferas I. Ed. Siruela, 2003.

Publicado en  on Diciembre 9, 2006 at 6:32 am Dejar un comentario

CARTA A LA DRA. ADRIANA PUIGGRÓS

La Matanza, 22 de noviembre de 2006
Sra. Directora General de Cultura
y Educación de la Pcia. de Bs.As
Dra. Adriana Puiggrós

Por la presente nota, solicito a Ud. el cumplimiento del Acta Acuerdo, convenida el 30 de diciembre de 2000 en la Ciudad de Buenos Aires, entre el docente Raúl Gómez de Olivera y las máximas autoridades de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires. Confío en que Ud. asumirá el compromiso acordado en el punto III y formalizará todos los actos administrativos necesarios para el definitivo cumplimiento y oficialización de las cláusulas del citado acuerdo.

Saluda muy atentamente,

Héctor Corvalán

Nota: Adjunto Acta Acuerdo (30-12-2000), Carta a la Dirección Provincial de Legal y Técnica (18-9-2006) y Carta al Ministro de Educación de la Nación (3-11-2006).
Carta Expreso Plus EU732242926AR.